Argentina: El parásito

2 mayo de 2017

Ayer lunes, en el Día Internacional de los Trabajadores, el derechista presidente de Argentina Mauricio Macri tuvo la desfachatez de pronunciar un discurso en un acto organizado por un sindicato amarillo afiliado a su coalición "Cambiemos". El connotado privatizador, despedidor y represor de trabajadores tuvo el tupé de dar su discurso con una imagen del General Juan Domingo perón de fondo.

A continuación el comentario de una activista y comunicadora argentina tras escuchar la intervención de Macri.

Por Nechi Dorado.

"El parasitismo es un proceso por el cual una especie amplía su capacidad de supervivencia utilizando a otras especies para que cubran sus necesidades básicas y vitales, que no tienen por qué referirse necesariamente a cuestiones nutricionales..." (https://es.wikipedia.org/wiki/Parasitismo)

Para decirlo simplemente, es parásito todo aquel que vive o ha vivido de otro.

El primer paso que debe dar una persona para entrar en la categoría de organismo parasitario es el de despojarse de moral, de valores, de honestidad, de ética, para vivir de la limosna –léase muchas veces, millonaria- pero no adquirida con esfuerzo, sino de lo que otro le ofrezca por servicios prestados (a veces también es otro ente similar)

Un parásito no dudará en robar, estafar, apropiarse de aquello que le interesa apoyado en ley del menor esfuerzo.

Por ello, ayer, que en el mundo se conmemoró el Día Internacional de los Trabajadores, escuchar hablar de trabajo justamente a alguien que ni sabe cómo se escribe esa palabra, puede resultar ofensivo para todo aquel que en su vida se esforzó por alcanzar sus propios recursos.

Pero uno sabe que existe esa runfla, la caterva de rufianes capaz de cualquier cosa con tal de saciar sus repugnantes instintos. Claro que si bien en el mundo cohabitan muchos seres que entran en el rango descripto, no deja de sorprender cuando esos organismos discursean sus mentiras en un momento tan caro a los sentimientos del campo popular, como es el Día Internacional de los Trabajadores, surgido a partir del río de sangre de trabajadores reales que osaron exigir, con la moral altísima, lo que les correspondía por derecho legítimo. Y de los que hoy hacen uso hasta los vapuleados parásitos.

Escuchando el discurso de alguien que entra en la escala mencionada, confieso que me indigné mucho en un primer momento, pero luego me detuve a pensar en las primeras líneas de esta nota, donde expliqué de qué debe despojarse un organismo y se me fue la indignación. Repito entonces,

"El primer paso que debe dar una persona para entrar en la categoría de organismo parasitario es el de despojarse de moral, de valores, de honestidad..." solo así puede interpretarse –aunque no comprenderse- cómo una persona con procesos judiciales, involucrado en un escándalo como el de Odebrecht, descubierto en el caso Panamá Papers, llegue a manejar los destinos de un país empobrecido como Argentina.

Fue entonces cuando la bronca se disipó, lo que sonó a bofetada sobre las mejillas de los trabajadores, no fue sino la demostración cabal de un manotazo dado por un gobierno que, aunque discursee con tono de pastor evangélico, no deja sino al desnudo, su propia debilidad.

Y demostró, además, la repugnancia que produce el grupo que define el título de esta nota.

En el Día Internacional de los Trabajadores, no tenían cabida los parásitos, su lugar es el pozo de excrementos. Ese revoltijo de materia fecal donde esas colonias inmundas pululan reproduciéndose por derecha. Pero ya sabemos también que los parásitos carecen de cerebro, lo que hizo que uno comprenda –no justifique-  su irrupción en ese día.