El pensamiento pedagógico de Juan Bautista Arríen

15 agosto de 2017

Por Miguel De Castilla

En la historia del último entre siglos de la educación nicaragüense sobresalen un reducido grupo de educadores e intelectuales ya fallecidos, que siendo maestros de aula combinaron su práctica docente con el estudio de la educación y fueron investigadores, dirigentes y teóricos de la educación nacional. A ese grupo pertenecen entre otros: Miguel Ramírez Goyena, Josefa Toledo de Aguerri, Mariano Fiallos Gil, Guillermo Rosales Herrera, Raúl Quintanilla Jarquín, Fernando Cardenal Martínez y Juan Bautista Arríen.

Juan Bautista nacido en el País Vasco, España, en mayo de 1931 y muerto en Nicaragua el 09 de agosto del 2014, a los 83 años de edad, es el caso típico del educador e intelectual comprometido con la educación y todo lo que ella significa, tanto para la misma como función social con toda su complejidad de procesos e ingenierías, como respecto a sus consecuencias e impacto en la vida social.

Juan Bautista llegó a Nicaragua en 1956 cuando cifraba 25 años de vida, transitando todo el periplo de su vida adulta en nuestro país, por lo que podría afirmarse que él se hizo educador y pedagogo con nosotros y entre nosotros como un nicaragüense más.

No es que su formación académica la realizara en Nicaragua, el desarrollo cultural y educativo de nuestro país no daba para tanto. Cuando Juan Bautista llega a Nicaragua en 1956 para ser profesor del Colegio Centroamérica ya había alcanzado el grado de doctor en Filosofía pero todavía no era maestro en las aulas de clase.

Su vocación de maestro la va a descubrir en el Colegio Centroamérica. El mismo lo dice en su obra autobiográfica La vida más allá de uno: “por primera vez en la vida estaba dando clases, dice, tenía una Licenciatura en humanidades clásicas, un doctorado en filosofía pero no había dado clases” confiesa.

La práctica docente en el Colegio Centroamérica y posteriormente en la Universidad Centroamericana y su contacto con los problemas políticos del país siendo Vice-Rector y Rector de la UCA, van a ir poco a poco construyendo en su espíritu, su amor por la educación y por nuestro país como un todo. En suma: La educación de los nicaragüenses.

Acerca de la vida y obra y de su tránsito por la vida, el mismo Juan Bautista habla de sí mismo en su obra autobiográfica La vida más allá de uno. En esta obra no solo describe  los días de su vida, desde la explicación de su propio nombre, hasta los días de inicio del actual Gobierno Sandinista en el año 2007, sino que formula, discute y propone el sentido de su propia Vida.

Filósofo al fin, para construir el concepto sobre su vida, Arríen toma lo esencial del Constructivismo de Lev Vigotsky, del Existencialismo de Kieerkegaard y Sartre y de la Antropología Filosófica de Max Scheler para con esos insumos concluir que la Vida (su vida) es una construcción social.  “La vida, dice,  es a la vez de Uno pero con los otros.  Mi vida es una, pero no solo mía, sencillamente porque la he hecho con multitud de personas que se han conectado con ella.  Es una vida compartida sin dejar de ser absolutamente mía”.

De su amigo, el sacerdote jesuita y poeta Ángel Martínez Baigorri, toma el siguiente verso como síntesis de su concepción sobre la vida y de su conexión con Dios: “Doy gracias a Dios, decía el padre Ángel, por la atroz felicidad de haber nacido, daré gracias a Dios porque me ha amado”, a lo que Juan Bautista responde y completa: “Doy gracias a Dios y a la vida, por la multitud de personas que han compartido conmigo su construcción.”

Con fundamento en esta idea filosófica y sociológica, acerca de que la vida no es de uno si no es con  las otras personas de su entorno con quienes se ha construido la misma, Juan Bautista va hilvanando los siete capítulos del recorrido de su obra y su vida.

En el primer capítulo, nos cuenta sobre su nacimiento el 13 de mayo de 1931, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial en Durango-España y de su adolescencia y juventud;  su ingreso a la Compañía de Jesús, su venida a América Latina, El Salvador, Ecuador y Nicaragua y sus encuentros con la educación,  la política y los nicaragüenses.  El segundo y tercer capítulo de su obra  se lo dedica a la Universidad Centroamericana (UCA).  Ahí están las raíces de la UCA de hoy como institución educativa y cultural.  Léase: la Revista Encuentro, la Editorial, el Bufete Popular, el Instituto Juan XXIII.  La UCA durante el período insurreccional de los años setenta, siendo Juan Bautista Vicerrector Académico y Rector.

El capítulo IV Juan Bautista se lo dedica a la Revolución Sandinista y a su roll como Director de Planificación en el Ministerio de Educación.  En este período coordinó en compañía de Róger Matus Lazo la elaboración colectiva del  libro Nicaragua: Diez años de Educación en la Revolución, sin duda la mejor y más completa obra sobre la experiencia educativa de la Epopeya.  Igual en este capítulo relata como  inició sus primeros contactos con la UNESCO, para finalizar siendo hasta el último día de su vida Secretario Permanente de la Comisión Nicaragüense de Cooperación con esta Organización.

En los capítulos V, VI y VII,  relata sobre su retorno a la UCA, sobre la fundación del Instituto de Educación de la UCA (IDEUCA) y de las principales tareas cumplidas con otros compañeros en los campos de la educación nacional, en los días de las múltiples luchas en contra del proceso de privatización de la educación pública nicaragüense, en los años finales del siglo XX en Nicaragua.  En el capítulo VI Juan nos cuenta sobre sus otras luchas frente al dolor producto del cáncer, la hepatitis C y la muerte de su hijo Xabier Ignacio.  Nos habla del amor y sus amores y de sus familias de Nicaragua.

El pensamiento pedagógico de Arríen nos ha quedado diseminado en muchos libros y textos escritos y publicados desde los años sesenta del siglo pasado hasta el reciente presente. El último de ellos titulado Las Triadas de la Educación, desde la persona,  es una pequeña obra producto de la práctica, la investigación y la reflexión filosófica, sociológica y antropológica, en la que va descubriendo, desentrañando, hilvanando y sistematizando múltiples relaciones y asociaciones, logrando agruparlas en diez triadas que avanzan desde lo más general, de los tipos de educación hasta lo más específico del para qué de la educación, pasando por el origen y etimología del termino educación; el proceso educativo cuyo origen y fin es el ser humano; la familia, la escuela y la sociedad como espacios en los que se realiza la educación;  el centro educativo y la triada de subsistemas que lo integran; el proceso de aprendizaje de la persona que aprende; el ciclo biológico de la persona durante toda la vida; el maestro y la maestra y sus roles; el saber, saber hacer, los valores y actitudes, y al final en la cúspide, el sentido y finalidad de la educación como formadora de ciudadanía.

1.   La educación formal, no formal e informal.

La tríada inaugural es la que se refiere a la educación según los modos o maneras como se realiza ésta en el contexto de las relaciones sociales, esto es: la educación formal, la educación no formal y la educación informal.

Este deslinde es de la mayor importancia, toda vez que por lo general es común identificar a la educación solamente con lo que sucede y acontece en el interior de las escuelas y los muros escolares, ignorando a las otras educaciones que surgen espontaneas en las relaciones sociales no estructuradas en un curriculum escolar.

La educación formal o sistemática,  está organizada conforme objetivos y reglamentos y está orientada a cumplir con un conjunto de normas que avanzan desde la matricula hasta la graduación escolar y está estructurada según niveles y modalidades desde el nivel prescolar hasta los niveles superior universitario. La Educación no formal, se diferencia de la formal en que es “más flexible, más variable, más puntual, más concentrada en temas y tiempos específicos”. Es la educación típica de los seminarios, talleres o cursos cortos.

La Educación informal es la que se despliega e influye en múltiples lugares, formas y tiempos en todas partes de la vida en sociedad, teniendo como agencias educativas desde el ámbito familiar hasta la televisión y todos los medios de comunicación, incluidas hoy la internet y todas las redes sociales.

2.   La etimología del término educación.

La segunda triada se refiere a la etimología del vocablo educación. Aquí Arríen despliega todos sus saberes de filosofo al afirmar que “el ser humano se encarna en cada persona haciendo que todos seamos iguales como seres humanos y diferentes como personas. Cada persona es una realidad, dice, única, irrepetible, insustituible, tiene identidad, sin embargo la única forma de realizarnos y desarrollarnos como persona es la comunicación, la interacción con otras personas”.

Desde este punto de vista, cada persona posee un enorme potencial espiritual, físico, psicológico que para su desarrollo necesita sacarlo hacia el exterior de su ser e-inducere  a través de un proceso progresivo que llamamos educación. La educación consiste en sacar hacia afuera todo ese potencial e inducirlo, in-ducere apoyado por un sujeto mediador y facilitador, sea unas veces la familia o sea otras veces los maestros, quienes cumplen la función de guías y orientadores con-ducere dando sentido al accionar de la persona en la vida social. De esta manera para Juan Bautista, “la triada derivada del verbo ducere,  educere, inducere y conducere, conforma la triada procesual educativa de la construcción del ser humano como persona”.

3.   El proceso educativo se origina en la persona, termina en ella y la trasciende en la vida social.

La tercera triada ofrece mayor claridad al referirse a la educación como un proceso que inicia y finaliza en la persona y la trasciende en la vida social. “Es una triada dinámica – dice – Juan Bautista  - desde la persona, con la persona y para la persona como ser social”.

4.   La familia, la Escuela y la Sociedad.

La cuarta triada está integrada por tres instituciones que son fundamentales como espacios y motores del proceso educativo, estos son la familia, la escuela y la sociedad.

“La familia, influye en todos los aspectos físicos, emocionales y sociales que acompañarán prácticamente siempre a la persona. Todo lo que se elija de valores actitudes, hábitos, preferencias, imitaciones, equilibrios y desequilibrio se van gestando y desarrollando en la convivencia con la familia”.

La familia es el espacio fundamental de socialización, donde los seres humanos aprenden los valores, usos y costumbres que se transmiten de generación en generación en el seno familiar. Mucho de lo bueno, lo malo y lo feo que serán las prácticas en la vida adulta de las personas, lo aprendieron en la mesa familiar. La familia es el terreno de la Educación informal, pero también es el momento de la articulación entre las triadas de Arríen. Un conector moderno entre familia y educación informal es ese pariente cercano llamado televisor.

Otro miembro de esta triada es la escuela. La escuela completa la educación que se inicia en la familia. En la familia se aprenden valores, o antivalores, en la escuela se aprenden destrezas y habilidades en matemáticas, lenguaje y ciencias. Igual que la familia se conecta con la educación informal, la escuela es el territorio de la educación sistemática o formal.

Arríen, completa esta triada con la sociedad como entidad educadora. Igual que la familia y la escuela se conectan con las educaciones informal y no formal, la sociedad es territorio privilegiado de la educación informal. Es la educación que reciben los jóvenes de parte de sus pares generacionales en los grupos organizados de barrios, comunidades, clubes deportivos y otros.

Preocupado Juan Bautista por el bien común y el desarrollo de una sociedad sana, expresa que “la educación, sobre todo la informal, está afectada por muchos antivalores los que se manifiestan en forma de corrupción, mentira, avaricia, irrespeto y violencia, lo que nos obliga a educar a la propia educación, a proteger y liberar a la educación de la posible contaminación que arrastra en determinadas ocasiones.”

5.   El centro educativo y sus tres subsistemas: el técnico-pedagógico, el administrativo y el psico-social.

De la cuarta triada con propósito de mero análisis y de construcción de la quinta triada, Arríen, separa una de sus partes para reflexionar sobre sus tres subsistemas, a saber: el técnico, pedagógico, el administrativo y el psicosocial.

Lo técnico pedagógico se relaciona con las funciones sustantivas de la escuela como son los aprendizajes de los estudiantes y todos los elementos que los posibilitan, esto es: un currículo, la metodología pedagógica y didáctica, la organización escolar, los textos y recursos didácticos y otros.

El subsistema administrativo se refiere a todos aspectos que apoyan el logro de las tareas técnico – pedagógicas de la escuela. Desde la formulación de las políticas educativas, la planificación, los maestros, hasta el financiamiento de las actividades educativas.

El subsistema psicosocial trata sobre las relaciones humanas en el interior de los centros educativos. Es el terreno de las emociones,   la motivación, la autoestima, la comunicación, el liderazgo y otros.

De los tres subsistemas de la triada escuela, el psico-social es el fundamental. “El proceso educativo, dice Juan Bautista, sea este formal, no formal e informal es un proceso de interacción de personas, en el que todos educamos y somos educados, mediante la acción combinada y armónica de los componentes cognitivos, psicoactivos y psicosociales que la estructuran como persona”.

6.   Lo cognitivo, lo psico-afectivo en el proceso de aprendizaje.

Igual que para construir la quinta triada, Juan Bautista, hace  lo propio con su propuesta de la sexta triada, al dislocar uno de los subsistemas de la triada anterior, este es el psicosocial, integrado por lo cognitivo, lo psico-afectivo y lo psico-social.

Respecto a esta trilogía, Arríen, afirma que: “es fácil constatar que una persona motivada aprende antes y mejor que una desmotivada, que un persona emocionalmente equilibrada, tranquila, aprende mejor que una emocionalmente trabada y desbalanceada; que unas relaciones humanas sanas, fluidas armoniosas y comunicativas, generan un clima psicosocial muy propicio para la formación cualitativa y exitosa que se activa en un centro educativo, que la auto estima personal está acompañada de mucha carga emocional, quizá mayor que la propia cognitiva, y que la comunicación se hace vida compartida entre las personas”.

7.   Niño(a), joven, adulto.

La triada número siete está centrada en el sujeto de la educación, y en el periplo de su desarrollo biológico y psicológico como ser humano, esto es, en el tránsito de niño a joven y de joven a adulto.

Igual que en el caso de las triadas anteriores, los diferentes tramos etarios encuentran correspondencia con los diferentes niveles escolares que avanzan en orden ascendente desde el nivel preescolar, hasta la educación terciaria en todas sus modalidades universitarias y pos-secundarias.

El niño y la niña al salir del seno familiar, la siguiente parada es en las llamadas educación preescolar y educación básica, en donde continúan el proceso de su socialización y de su introducción a la cultura letrada que será de crucial importancia en el recorrido de su educación formal. Al convertirse el niño o niña en adolecente y joven, otro tipo de educación será el relevo de la educación primaria,  la educación secundaria, en esta educación, aumenta el rigor pedagógico y científico de las disciplinas o asignaturas del currículo.

Continúa la madeja de relaciones entre las triadas de la educación propuestas por Juan Bautista, entre niñez y educación preescolar y educación primaria, y entre adolescencia y juventud y educación secundaria y educación terciaria.

La adultez también tiene su propia educación, tanto respecto a la educación formal con las educaciones de posgrado, doctorados y posdoctorados, como con la educación informal en el mundo del trabajo. Juan Bautista afirma: “El aprendizaje del adulto es la vida, el trabajo, su participación en la sociedad, lo que con frecuencia lo lleva a la necesidad de seguir aprendiendo;” es lo que la UNESCO ha llamado educación permanente o  educación para toda la vida.

8.   Sujeto especial y clave: maestro, educador y pedagogo.

La triada número ocho es la referida a la contraparte del estudiante de la educación preescolar, primaria, secundaria y terciaria. Juan Bautista define a la misma como el sujeto especial y clave de la educación: maestro, educador y pedagogo.

Este sujeto es el que logra “conjugar, dice Juan Bautista, cada una de las triadas.” “Es la triada que aprovechará las triadas anteriores para la formación de las personas con las que interactúa en su trabajo siendo a la vez maestro, educador y pedagogo.”

9.   La Educación en competencias: saber, saber hacer, valores y actitudes que le dan sentido.

Analizados a manera de triadas los actores del hecho educativo: estudiantes y maestros, el turno es para el contenido de la educación. Para llenar este vacío, Juan Bautista, selecciona y escoge el concepto moderno de “educación en competencias”, a la que define como “la búsqueda y articulación de tres momentos del proceso educativo: el saber, el saber hacer, y los valores y actitudes que le dan sentido y finalidad a la educación.”

La concepción de Arríen, sobre la educación en competencias tiene su origen en los cuatro aprendizajes del  informe Delors: aprender a ser, aprender a conocer, aprender a hacer y aprender a convivir, lo que para Juan Bautista abrió “la ruta pedagógica innovadora de la pedagogía moderna”.

10.  Educación, Valores y Ciudadanía.

La décima y última triada, a la vez que completa a la triada número nueve sobre el contenido de la educación, presenta un novedoso recorrer integrado por la triada: educación, valores y ciudadanía, en otras palabras educación en valores para la ciudadanía.

Sobre educación hemos hablado en esta presentación como el proceso a través del cual los seres humanos alcanzan su pleno desarrollo como personas, aprendiendo los saberes y los valores fundamentales para la vida en sociedad.

El eje central de esta triada es lo que Juan Bautista propone como la finalidad central de la educación, como lo es la formación de la ciudadanía, en suma la formación y consolidación de “una ciudadanía sólida, equitativa, participativa, progresista y democrática”; y esto porque “la educación de las personas tiene que ver en último término, con su ser y quehacer en una organización comunitaria compartiendo derechos y responsabilidades comunes.”

“La ciudadanía, dice Arríen, es el ejercicio compartido de la dignidad, de la libertad, de la igualdad de la persona, cualidades que sólo se hacen posibles en las relaciones interpersonales, en una comunidad”, que es el espacio privilegiado de la educación en todas sus formas y maneras.

A la educación y a la ciudadanía, se suman los valores, en especial aquellos valores relacionados con la formación de ciudadanía. Una síntesis de esta triada podría ser la siguiente: una educación que promueve una ciudadanía crítica, responsable y comprometida, y el desarrollo de personas libres, de elevada autoestima, dignidad personal, libertad y responsabilidad.

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