Otra oportunidad para OEA

Ciudad de México. Editorial La Jornada | 19 junio de 2017


Empieza este lunes en Cancún, Quintana Roo, el 48 periodo ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en el cual se tiene previsto un intercambio de puntos de vista sobre los asuntos hemisféricos y se abordarán los problemas continentales en cuatro grandes capítulos: desarrollo integral y prosperidad; estado de derecho, democracia y derechos humanos; seguridad multidimensional, y empoderamiento y liderazgo de las mujeres.

Será un encuentro muy ambicioso, con la presencia de representantes de los 34 gobiernos que integran el organismo regional, organizaciones empresariales y civiles, así como de los 72 estados que ostentan la condición de observadores permanentes en la organización, y en forma paralela a las sesiones de la asamblea general se llevarán a cabo encuentros temáticos en materias de innovación, emprendimiento, desarrollo, medición de la pobreza, ciberseguridad, reducción del riesgo de desastres, corresponsalías bancarias y otros asuntos.

Para la OEA la reunión representa una nueva oportunidad de orientar sus acciones en una dirección verdaderamente multilateral y plural, así como de enmendar el vicio de origen del que nunca, en sus 69 años de existencia, ha podido liberarse: la influencia definitoria, e incluso aplastante, del gobierno de Estados Unidos en las decisiones y la supeditación de las acciones del organismo panamericano a los intereses de Washington.

Esa falla estructural e histórica –que se evidenció con la injusta expulsión de Cuba, en 1962, por voluntad de la Casa Blanca– ha impedido que la organización se convierta en un foro de solución de los problemas regionales y en un árbitro autorizado en los conflictos entre sus países integrantes.

En tiempos más recientes, la OEA, por iniciativa de su actual secretario general, el uruguayo Luis Almagro, ha sido usada como instrumento injerencista en la crisis política venezolana, pero ha sido pasiva ante los golpes de estado parlamentarios perpetrados en Paraguay (2012) y Brasil (2016), lo que ha llevado su credibilidad a niveles mínimos.

Es precisamente ese desprestigio el que ha llevado a varios países del continente a fundar otros foros regionales, particularmente la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que no incluye a Estados Unidos ni a Canadá y, a pesar de los retrocesos políticos en dos de sus integrantes de mayor peso –Argentina y Brasil– parece un espacio más adecuado que la OEA para impulsar la integración regional, buscar solución a los conflictos regionales y a los problemas sociales, así como propiciar el desarrollo de los países integrantes.

En la reunión, que se inicia hoy lunes en Cancún –y se extenderá hasta el miércoles próximo– la OEA oscila entre una nueva posibilidad de reinventarse y de reorientarse, y el peligro de ratificar sus posturas de siempre: emitir declaraciones de papel en los temas que aborde y mantenerse atada a posturas institucionales que, más temprano que tarde, habrán de conducirla a la completa caducidad.

Es pertinente observar con atención lo que ocurra en estos días en dicho encuentro.