Gobierno estadounidense lleva más de cien años reclutando la mano de obra mexicana

Ciudad de México. Agencias | 15 junio de 2017


Cuando México perdió todo lo que es ahora el suroeste de Estados Unidos, dejó a muchos mexicanos con una decisión que cambiaria su vida: mudarse más hacia al sur, a México, o quedarse y aceptar la oferta de ciudadanía estadounidense. Las comunidades mexicanas más grandes existian en Texas, Nuevo México y California. En 1870 la población nacida en México que vivía en territorio Estadounidense se estimaba en 42,435.

En 1900, la población de origen mexicano había aumentado a más de 100,000, ya que los pobladores originales fueron “capaces de animar a otros miembros de sus familias a emigrar”.

Durante los siguientes 30 años (1901-1930) se experimentó la primera gran migración económica de mexicanos hacia Estados Unidos. Más de un millón de personas, en su mayoría no profesionistas, fueron reclutadas para trabajar obras de infraestructura ferrioviaria (traqueros), en la agricultura y en las minas del país del norte.

Con la expansión de Estados Unidos hacia el suroeste y ante la necesidad urgente de mano de obra, se creó el programa migratorio Bracero. Los Estadounidenses podían reclutar jornaleros en países extranjeros y traerlos a Estados Unidos en condición de trabajadores invitados; y la mayoría eran mexicanos. Los reclutadores iban al interior de México a dirigir los flujos migratorios y llenaban trenes de carga con jornaleros detinados a garantizar al crecimiento de la frontera agrícola estadounidense.

El programa Bracero debía asegurar condiciones de trabajo humanas, tal como habia sido pactado en el acuerdo legal firmado entre Estados Unidos y México. Los trabajadores debían "recibir transporte y comida gratis, salarios garantizados, condiciones de trabajo seguras y viviendas sanitarias". Pero, las condiciones de trabajo reales de los inmigrantes eran todo menos humanas. Es más, algunos autores lo han considerado “un programa de trabajo esclavisado”.

Como era de esperarse, muchos migrantes no quisieron partipar en el programa para evitar condiciones de trabajo inhumanas. Con el gobierno ocupado en la Segunda Guerra Mundial, la Patrulla Fronteriza todavía en pañales y una gran demanda de mano de obra en otros frentes, sin embargo, miles de migrantes mexicanos pudieron cruzar la frontera y obtener empleo, sin participar en el programa Bracero.

En 1954, después de años de permitirles entrar deliberadamente y de alentar a miles de trabajadores indocumentados a cruzar a Texas y otras partes del país, el entonces Servicio deInmigración y Naturalización (INS) inició la Operación Wetback. Con esta iniciativa federal se repatriaron tantos trabajadores mexicanos como fue posible, utilizando la intimidación y el acoso mediante redadas en barrios mexicanos y otros barrios de aspecto latino. El INS utilizó trenes, camiones, autobuses, barcos y aviones para las repatriaciones. El número total de mexicanos repatriados se ha estimado en 1,3 millones, además de cientos de miles de inmigrantes que se fueron antes, durante y después de la Operación Wetback por la misma intimidacion gubernamental.

Dadas las altas exigencias laborales en Estados Unidos el Programa Bracero continuó hasta 1964, cuando se dio por concluido. Su clausura no significó, sin embargo, el fin de la contratación de la mano de obra barata de los trabajadores mexicanos, que seguían migrando hacia Estados Unidos. Las relaciones establecidas entre los trabajadores y los empleadores (para bien o para mal), no desaparecieron con la terminación del programa, ni tampoco desapareció la oferta de empleos. Los trabajadores migrantes continuaron cruzando a Estados Unidos mientras los empleadores continuaban reclutando y contratando activamente. Según varios estudios, al terminar el Programa Bracero se incrementó el número de obreros indocumentados.

En 1986, durante la administración Reagan, se aprobó la Ley de Reforma y Control de Inmigración, conocida como IRCA, que otorgó residencia legal a más de dos millones de migrantes mexicanos. La Ley de 1986 –que en la práctica se convirtió en una gran amnistía–, combinada con un mayor refuerzo de las fronteras, marcó el comienzo del fin del patrón de migración circular que había existido durante casi 100 años. Las disposiciones del IRCA exigían que los inmigrantes indocumentados dejaran de circular de un pais a otro hasta que se resolviera su situación legal y, por lo tanto, los mexicanos, documentados e indocumentados, comenzaron a establecerse permanentemente en Estados Unidos.

Después de la amnistía de Reagan se aprobaron dos leyes importantes de inmigración (1990 y 1996). La Ley de Inmigración de 1990 fue diseñada para abordar la inmigración legal e ilegal, al aumentar el número de inmigrantes elegibles para la admisión bajo el “límite flexible”, junto con un aumento en los recursos economicos y humanos para un mayor resgurardo de la frontera. La Ley de Responsabilidad Personal de 1996 fue creada para "poner fin a los servicios sociales que se ofrecian a los inmigrantes, tanto documentados como indocumentados, así como imponer sanciones más estrictas para las actividades de contrabando humano”. Se aprobaron, también, fondos adicionales para la aplicación de las leyes migratorias.

Con la elección del presidente George W. Bush y del presidente mexicano Vicente Fox se pensó seriamente en la posibilidad de una amnistía migratoria, pero la idea quedó atrás después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos. Los atentados reforzaron el sentimiento anti-inmigrantes, que hoy en día son más fuertes que nunca, pero no frenaron la llegada a Estados Unidos de millones de mexicanos más, que venían en busca de los puestos de trabajo que los estadounidenses no estaban dispuestos a ocupar.

En definitiva, los trabajadores mexicanos han sido reclutados por más de 100 años, laborando bajo condiciones extremadamente opresivas. Como comunidad, los inmigrantes mexicanos y los mexicoamericanos han sido deportados, marginados, abusados física, emocional y psicológicamente, y han sido utilizados como chivos expiatorios durante las crisis económicas. Por eso, la lucha pro derechos de los inmigrantes continúa viva. Conocer la verdad historica ayuda a entender mejor la actualidad y orientar adecuadamente esa lucha.

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