Inmigrantes ya no se sienten seguros con la policía estadounidense

Los Ángeles, California. Agencias | 7 agosto de 2017


Desde la llegada de Donald Trump, los latinos han dejado de reportar delitos y hacer denuncias. De acuerdo a un análisis de FiveThirtyEight y otros medios, jefes de policía en ciudades como Houston y Los Ángeles han observado que la población hoy tiene menos confianza a la hora de interactuar con ellos, principalmente debido al fantasma de la deportación.

Especialmente entre indocumentados o familiares de indocumentados, será difícil que esta situación mejore. Hace poco más de una semana, el presidente Trump pidió 10,000 más agentes para ICE, con la excusa de luchar contra la Mara Salvatrucha. Sin embargo, como hemos escrito antes, muchos policías creen que las estrategias enfocadas en inmigración solo van a hacer las cosas más difíciles, desincentivando a la cooperación de las comunidades latinas.

Todo este énfasis en el uso de tácticas punitivas por parte del gobierno está llevando a muchos a repensar qué es lo que significa para las minorías sentirse seguros. ¿Se siente realmente más seguro un inmigrante cuando está rodeado de policías o cuando sabe que puede confiar en sus vecinos? ¿Puede una familia hispana sentirse tranquila en una ciudad que se define como santuario, pero donde el estado obliga a colaborar con ICE, como sucederá pronto en Texas? Este es el debate que están generando algunos activistas.

Redefinir lo que significa ‘seguridad’ o ‘protección’

Tradicionalmente, si se organiza un evento en un vecindario blanco no hispano, la policía colabora en términos de seguridad. Sin embargo, activistas dicen que esto no es garantía para todos. “Para aquellos que son parte de comunidades de color, este no es el caso. Cuando reunimos a la comunidad en conversaciones, se ve que para algunos la presencia de la policía o ICE significa inseguridad”, dice Zaineb Mohammed, vocera del centro Centro de Derechos Humanos Ella Baker, organización de justicia social en Oakland, California.

De acuerdo a Mohammed, esto está forzando a actuar de manera distinta en ciertas ocasiones. "Podemos cambiar la manera en que se responde a ciertos casos. Por ejemplo, no llamar la policía cuando hay mucho ruido, lo cual podría llevar a una situación traumática para una minoría”, explica.

Entre inmigrantes, esta actitud se nota especialmente en la forma en que se relacionan con la ciudad y las policías locales. “Ser ‘santuario’ tiene un sentido diferente ahora, porque muchos no confían en su significado. Ciertas ciudades tienen esa marca, pero siguen colaborando con ICE”, dice Jorge Renaud, organizador de Grassroots Leadership en Austin, Texas.

En esta ciudad, la policía (específicamente la jefa de policía del Condado, Sally Hernández) ha tratado de mostrar que tiene propósitos distintos, pero en muchos casos esto no ha sido suficiente. En febrero, después de una redada hecha por ICE, los agentes locales respondieron a los medios diciendo que no habían sido informados previamente. Pocas horas después, el congresista federal por San Antonio Joaquín Castro negó esta información, diciendo que la redada formaba parte de Operation Cross Check y que las policías locales sabían del plan antes de la redada.

Grassroots Leadership, junto con organizaciones como ‘ ICE fuera de Austin’, ha tomado acciones para confrontar al alcalde Adler para que reafirme su compromiso con los inmigrantes. Alcaldes y jefes de policía en Chicago, Los Ángeles y otras ciudades lo han hecho, pero muchos dudan qué tanto estas declaraciones pueden asegurar que sus agencias y policías no colaboran. “No puedes confiar en ningun compromiso”, dice Renaud (la reciente demanda de Chicago a la administración Trump es un buen paso en ese sentido).

“También hemos visto que las comunidades de color tampoco quieren estar en instituciones gubernamentales o donde podría haber presencia de policía, como la Secretaría de Estado o un hospital”, dice Renaud. Por esto, las organizaciones civiles han debido buscar soluciones fuera del gobierno o de las instituciones tradicionales, donde no se cuestione si los inmigrantes están seguros o no. “Hay organizaciones como Mama Sana, que ofrece clases de embarazo para madres latinas y afroestadounidenses en Austin y tenemos clases de educación financiera, porque muchos no saben qué tipo de documentación les pedirán en bancos”.

Esta desconfianza también ha obligado a cambiar la definición de cuáles son los lugares seguros. “Hemos considerado a las escuelas como espacios ‘santuarios’. Para las familias es importante que haya información sobre servicios sociales, organizaciones comunitarias o procesos de inmigración, en estos espacios, porque son los pocos lugares donde la gente se siente cómoda”, dice Renaud. Además de las escuelas, los centros comunitarios están tomando ese rol, en detrimento de otros espacios como oficinas de asistencia social, bancos, y hospitales.

¿Dónde llamar si me siento inseguro o necesito ayuda?

Esta desconfianza de las instituciones puede llegar al punto de que se dude de llamar al 911 en una emergencia. En una situación violenta -por ejemplo, en un caso de violencia doméstica- a veces las víctimas pueden no sentirse cómodas llamando a las autoridades. En Austin, organizaciones civiles como Grassroots Leadership y Indivisible Austin ofrecen asistencia telefónica para que las personas en situaciones vulnerables puedan acceder a servicios, abogados o instituciones que no preguntan por su situación migratoria.

“Tenemos personas indocumentadas que necesitan ayuda, pero que no quieren ir a la policía. En estos casos, pueden llamar a la ‘ Línea de defensa’ para encontrar ayuda”, dice Renaud. Su organización, Grassroots Leadership, colabora con otras organizaciones en la misma línea. Tienen capacitaciones para entrenar a voluntarios que responden a los casos por teléfono y ayudan a usuarios encontrar miembros de su familia que han sido detenidos, encontrar abogados, acceder servicios médicos o servicios de salud mental. Estas maneras de llenar los vacíos de un sistema hostil con los inmigrantes es vital en Texas, ya que la nueva ley HB4 (que comenzará a aplicarse el 1 de Septiembre) obligará a autoridades locales cooperar con agentes de ICE. Aunque la ley establece que las autoridades no podrán pedir el estatus migratorio en escuelas, hospitales, iglesias o departamentos de salud, muchos inmigrantes y activistas dudan sobre qué tanto las autoridades cumpliran con estos límites, según Renaud.

“Todos, desde la policía hasta los miembros de organizaciones comunitarias, dicen que la HB4 creará más inseguridad en comunidades ya vulnerables”, dice Renaud. “Hay otras respuestas comunitarias, como la de la línea de defensa, pero, debido a su naturaleza, son sistemas que prefieren mantenerse relativamente secretos”. La idea es tener un servicio fuera del ojo de las autoridades y crear respuestas comunitarias a las necesidades de los inmigrantes.

En esta misma línea, algunas organizaciones están capacitando a la gente para saber cómo hablar si se tiene que llamar al 911, de forma de evitar atraer la atención de la policía o ICE. En Oakland, en las afueras de San Francisco, Lightning Bolt Colective está enseñando a comerciantes a hablar de manera calmada si se enfrentan a la necesidad de llamar a este número. “Si la persona que llama está gritando y entra en pánico el despachador quizás mande una brigada completa de policías”, explica la periodista de CityLab Teresa Mathews en un artículo publicado previamente.

A su vez, los activistas están buscando espacios para que la comunidad pueda dar su opinión sobre cómo sentirse más protegidos, de acuerdo a su propia definición. El pasado 1 de Agosto se realizó la ‘Noche por la Seguridad y la Liberación’, un evento simultáneo en más de 25 ciudades. Esta iniciativa comenzó en 2013, originalmente como una colaboración entre el Centro de Derechos Humanos Ella Baker y la organización Justicia para las Familias. En parte, fue una respuesta a la muerte de Trayvon Martin (el cual fue asesinado por alguien que estaba patrullando su vecindario y desconfió de él). Esta tragedia es vista entre los organizadores como otro ejemplo de algo que puede ser considerado como una iniciativa de seguridad, no lo es para todos: los programas de vigilancia de barrio (neighborhood watch) terminaron con la vida de un joven inocente.

“La Noche por la Seguridad y Liberación trata de ampliar nuestra concepción de la protección pública para abarcar mucho más que solo lo policial”, dice Mohammed, para quien la clave está en preguntarse y redefinir el concepto de lo que es una comunidad segura, sobre todo en tiempos tan inciertos. “Necesitamos tener un espacio para hablar sobre lo que realmente hace que las comunidades más vulnerables se sientan seguras. Creo que es realmente importante pensarlo de manera positiva, que nos concentremos más en lo que necesitamos, en vez de concentrarnos en una narrativa que da miedo”.